escribir como si no tuviera madre

desterrada

embroncada y desdentada

del dolor y el mal vivir

escribir desde el hastío y la nostalgia

la injusticia

el hambre

desde la desesperación del hijo ausente

desde el mar con furia espumosa

escribir desde el corazón que se vuelve pájaro negro

y mira desde arriba las dunas

y se pregunta

cómo allá abajo los hombres andan en sus dos patas sin chistar

sin tener la imperiosa necesidad de alguna vez

ver el mundo desde el cielo

y allí volver a entenderlo todo

con la tranquilidad del que confía

e intuye

que hoy somos esto

y mañana quién sabe

pero qué importa

y entonces sí

descender a tomar agua

rozarla apenas con los pies primero

embeberla luego con la humanidad entera

volver a ser embrión en su líquido viscoso

recuperar la fe.

Advertisements

ImageEn bicicleta se arrima a la plaza central del pueblo, despliega su teatrillo de madera y anuncia que la función está por comenzar. Toc, toc, toc, toc claman los hyoshigi. Llegó el momento. Los niños se acomodan arrebatados de ansiedad por su caramelo y por el misterioso viaje que —saben— están a punto de emprender. Una voz hilvana amores y aventuras mientras la serie de dibujos esboza algunos anclajes ilustrativos con sus sutiles trazos. Después, el abismo, el mundo. Las mentes son invitadas a surcar su camino como serpientes de arena. No hay nunca uno igual a otro. O al menos, nunca lo sabremos. Ni cine, ni tevé. Siquiera trenes ni fotografía. La génesis más pura de la imagen en movimiento sea quizá la imaginación. Japón, siglo XII y esa imperiosa necesidad humana de contar historias.

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acaso no le alcance

al mar

con la sal de sus entrañas

que me succiona la piel de los ojos

me la hace llanto

brebaje sagrado de sangre humana

blanca

ofrenda al rey del viento y de las tormentas

al hijo de la furia

que brama de placer

bebiendo mis pupilas

sacrificio ritual

limpieza espiritual

ImageSe trata de diversas maneras de entender lo editorial. Ombú Bonsai, Danke y Club Editorial Río Paraná son espacios de publicación alternativa que trazan nuevos caminos de circulación y difusión de producciones literarias contemporáneas. Tiradas mínimas, bajos recursos y mucho amor por lo que se hace. La apuesta es a los escritores nuevos.

 

De oficio encuadernador

Mientras habla, juega. Juega con las manos. Como si no pudiese dejarlas quietas. Juega con cuatro monedas de 25 centavos que dispuestas al azar sobre la mesa refuerzan la expresión, de a ratos ofician de ductos catárticos. Mientras, habla. Cuenta. Va, viene, vuelve. Se desvía y juega, las monedas danzan. Una en cada punta de los dedos, las mueve, las desliza, las hace bailar. Las dispone en fila, en hilera, en círculo; las apila, las separa. Las manos entrelazan las palabras, las soportan. Cobran sentido discursivo intenso. Son, además de materia, posibilidad. Vehículo, trabajo, capital en acción. Las manos materializan la historia, tal cuál los libros.

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los había verdes y marrones

rojos, celestes y amarillos.

algunos tenían destellos dorados y otros profundos opacos.

los había lapislázuli, terracota y hasta tan estridentes que parecían gritar.

los había de muchos otros colores,

colores que no podía explicar ni nombrar

porque no los conocía.

nada tenían que envidiarle aquellos incógnitos pigmentos

a la furia de los violetas

ni a la cadencia mansa del maíz.

poco o nada se hermanaban con los azules eléctricos de las mariposas más osadas

ni con el entramado rugoso de la serpiente coral.

como nunca antes, nadie, jamás

había visto los colores del nuevo mundo.

los ojos almendrados del pequeño se arrebataron de picardía

cuando le preguntó por los nombres de aquellos matices.

no tienen, le dijo,

y de un salto se perdió entre la maleza.

arrancó de cuajo una flor innominable

y al cobijar sus ojos a la sombra de la ceiba,

lo que no tenía nombre era ahora cereza brillante

y más luego caoba, ámbar y azafrán.

colores imposibles se entrelazaron mientras caía la tarde.

después de la siesta,

sintió los pastos abrazados a sus pies

y nunca más vio celeste el manto inmenso del cielo.

Recién después de cepillar los azulejos del baño

y acomodar

meticulosamente

los platos y sartenes por tamaños y colores

entendí

que el caos era yo.

De Spinetta, de conexiones extraterrestres y madrugadas deportivas. De Belo Horizonte, del 27 a la cabeza y de Alejandra Pizarnik. De Girondo, por supuesto, de Bukowski, de antropofagia y guetos poéticos. Del mar, de viejos cassettes de Vilma Palma y Daniel Agostini, de viajes, de amigos, de abrazos, de rebeliones radiofónicas, del tacto, de la triple doble ve, de oyentes silenciosos y de gritos en blanco y negro, de encuentros, de lazos, de aeropuertos, de palabras de otros, de mimos y hasta de olores; de todo esto hablaron los chicos de Tropofonia —nombre del programa radial que se emite todos los martes de 22 a 23 horas por Radio Nacional—, la noche del jueves 19 cuando tuvo lugar, en el Túnel 4 del Centro Cultural Parque de España, una suerte de encuentro causal con amigos, seguidores del programa y curiosos a fin de festejar cinco años en el aire.

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Cerca del Hip Hop, lejos del estereotipo

Apareció en el machucón en la Gran Manzana, en pleno Bronx —en “la parte fea”, esa que nadie quiere— y con fines concretos: protestar. Surgió a principios de los 70 y se trata de un poderoso movimiento artístico integral del cual se despliegan cuatro pilares estéticos que lo sostienen: el grafiti, ligado a la plástica; el break dance, vinculado a la danza y el rapeo y los DJ’s estrechamente relacionados con lo musical. De origen africano y marginal, esta cultura se expandió por el mundo y poco a poco se afincó en la Argentina, donde hasta hace pocos años era una rareza víctima de miradas escépticas. Lima Sur, Purple House y Celeste cuentan de la movida musical del hip hop hecho en Rosario.

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Levanté la cabeza

y estaba tu boca.

Te besé los dientes

y entendí,

que tu carne no es más que tu carne,

vital refugio de tus enredos.

Que tus venas son apenas excusas de sangre,

vacías al fin.

Que tus huesos son mero esqueleto,

marfil, poroso, secreto.

Que tus vísceras, bolsas

y perfectas maquinarias moradas.

Y que tus dientes,

precioso extracto de tus óseos rincones,

son el pedazo revelado del misterio orgánico que te permite abrazarme.

Ya no caminan mis piernas,

te lamen rincones inhóspitos.

Ya no escriben mis manos,

te besan los labios y el ombligo.

Mi boca, que ya no habla, no come ni canta,

te recorre ciega y jugosa,

con caricias y gemidos.

Mis ojos se estremecen con tu aliento.

Mis oídos reclaman tus olores.

Mis pechos se endurecen al degustar tu espalda,

al morder tu mirada,

al gritar tu piel.

La gran boca que son tus ojos

huele el tiempo despreocupada.

Nuestros cuerpos ya no son. Están

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